El primogénito del clan atendía a la eufonía “juanhijo”, sonido resultante de la acertada combinación de los elementos acústicos de dos palabras, intuyo que para distinguirle de su progenitor “juan”. Aunque la mayoría de su linaje le conocía como tal, con el transcurrir de los años se le asignaron distintos seudónimos del tipo “pepino” o “médicoestorbo”.
Cuando yo me instalé con los de su estirpe, él ya había “abandonado el nido”, sin embargo, cada domingo acudía a la morada familiar con una señorita de crines oscuras, para compartir mantel con el resto de sus agnados. Se presentaba como un adulto sereno, juicioso y templado. Mi impresión sobre él contrastaba con lo que sus hermanos susurraban a sus espaldas. Aseguraban que había que ser del todo cauteloso en su presencia pues, ante el mínimo agravio, doblaba la lengua y suministraba un inesperado guantazo o colleja, según fuera la posición del recibiente. Yo nunca observé dicha reacción en él por lo que nunca comprendí tan inmerecida fama.
Indiscutiblemente, “juanhijo” se distinguía por ser un hombre preocupado por la rectitud de las cosas y por detallar extraordinariamente todas sus explicaciones. Médico de formación y, curiosamente, funcionario en el Ministerio de Hacienda de profesión, contrajo nupcias, en tiempos de la reconquista, con “paz”, una hembra del género homo que conoció doce años antes de la ya nombrada cruzada. De dicha agrupación nació una niña, “clara”, que fue, durante un periodo de tiempo bastante prolongado, el único componente infantil del grupo y por ende, la adoración de sus ascendientes, en especial de “juan”.
El día que “clara” cumplía un año de vida, “juan” se fue con sus hijos y no volvió nunca más. Quizá se aburrió mucho en el festejo, aunque en mi opinión resultó ser una fiesta formidable.
“Juanhijo” nunca desatendió sus “responsabilidades” de primogénito. Protegió, aconsejó y alentó silenciosamente a toda la familia en ausencia de “juan”, en especial a sus hermanos pequeños y a “pilar”. Hoy, “juanhijo”, “paz” y “clara” cohabitan en una bonita casa de las afueras y son bastante felices, aunque no comen muchas perdices porque practican una dieta vegetariana bastante estricta, impuesta por “paz” tras una experiencia quirúrgica desagradable.

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